Un nuevo año comienza y con él llega el aumento del salario mínimo, que para este año fue del 23%. Más allá de los análisis macroeconómicos, expertos como J.P. Morgan advierten que tendrá implicaciones en la inflación, el crecimiento, la política monetaria, las cuentas parafiscales y el desempleo.
Los datos que conviene tener a la mano
- El aumento fue del 23%, es decir $327.405: pasó de $1.423.500 a $1.750.905, sin incluir el auxilio de transporte, que será de $249.095, para un total cercano a $2.000.000 (unos USD 531).
- El IPC se ubica en 6,1% a diciembre de 2026.
- Alrededor del 50% de los trabajadores colombianos tiene empleos informales y no percibe un salario mínimo.
Muchas empresas habían proyectado aumentos del 10% al 15% para sus colaboradores, y el nuevo porcentaje obligó a revisar contratos, costos y nóminas porque las proyecciones no cuadraban con lo esperado.
Las empresas más afectadas
Las más golpeadas son las que centran su razón de ser en la mano de obra y el servicio, como seguridad, transporte público y aseo, donde cerca del 90% del costo recae en las personas y la mayoría percibe el salario mínimo. Quienes operan con márgenes reducidos enfrentan el dilema de trasladar el mayor costo al usuario final, lo que alimenta la inflación, o ajustar la operación reduciendo personal o turnos.
El efecto bola de nieve
El aumento también aplica a los aportes de seguridad social y pensión, las cuotas moderadoras de las EPS, multas, el SOAT, el precio de las viviendas de interés social y prioritario, parqueaderos, transporte público y administración de edificios. Como resume Jorge Restrepo, de la Universidad Javeriana, en entrevista con Portafolio: "un aumento muy por encima de la inflación es un empujón que no es duradero porque se transmite en más inflación".
Clave para la planeación
Conocer el nuevo mínimo es el punto de partida para planear los aumentos, porque impacta varias cifras a la vez:
- Seguridad social: salud, pensión y ARL se calculan sobre el salario; empleado y empleador verán subir su aporte.
- Prestaciones sociales: primas, vacaciones, cesantías e intereses suben automáticamente con el mínimo.
- Relación con la UVT: el mínimo define la base de las cotizaciones y la UVT afecta los cálculos tributarios; el desbalance entre ambos impacta la sostenibilidad financiera.
- Costos empresariales: obliga a revisar presupuestos y a repensar cómo se combinan salario y beneficios.
El solapamiento salarial
Supongamos que el Analista 1 gana el mínimo y el Analista 2 gana $2.000.000. Tras el ajuste, el Analista 1 sube hasta $2.000.000 con auxilio de transporte incluido, y ambos terminan ganando lo mismo pese a tener cargos y experiencia distintos. Ese solapamiento genera descontento y percepción de inequidad. Cuando ocurre, no basta con revisar los salarios que estaban en el mínimo: hay que analizar toda la estructura salarial para que los incrementos sean coherentes con el rol y la responsabilidad.
Los beneficios extrasalariales
Cuando una empresa maneja salarios superiores al mínimo, hay una oportunidad clara de optimizar el presupuesto de compensación con beneficios extrasalariales. Varios cuentan con tratamientos tributarios favorables si cumplen condiciones de destinación específica, topes definidos y buena administración: alimentación, movilidad, dotación y bienestar. Para la empresa, menor carga tributaria y un uso más eficiente del presupuesto; para el colaborador, un beneficio que llega más completo.
En Bink entendemos que el aumento por ley es una prioridad, y que una remuneración bien estructurada es clave para reducir la rotación y prevenir fenómenos como el quiet quitting. Por eso el aumento puede gestionarse de forma más estratégica cuando se combina con beneficios de destinación específica.